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Obituario

 A mi amigo Jorge Caracuel Romera, por siempre

Este largo, duro, lluvioso y frío invierno sin ti, querido amigo, y ahora, quizás como nunca, afloran en mi corazón los recuerdos compartidos, los últimos años de nuestro paso por la Facultad de Derecho a finales de los años ochenta en la antigua Real Fábrica de Tabacos, la Universidad de Sevilla, alma mater donde nos formamos de la mano de grandes e inolvidables maestros, surgieron los primeros amores y desamores, y también se forjó nuestra gran amistad. Va con nosotros ese tiempo irrepetible y único, la memoria de nuestra juventud.

Sí, desde aquel doloroso 29 de septiembre, en que tras dura enfermedad donde han brillado aún más tus acendradas virtudes, en desigual combate, nos dijiste adiós, quería escribirte, y escribir sobre ti; necesitaba plasmar lo que has significado en nuestras vidas como amigo y como compañero, pero de puro dolor no he podido; he buscado vanamente ese tiempo para mí especialmente necesario, un tiempo interior para ordenar mis sentimientos, mis recuerdos, y poder alumbrar unas modestas líneas que pretenden reflejar tu personalidad, tu enorme humanidad, elegancia y sentido del humor ante la vida y la adversidad; en definitiva, tu bondad, el rasgo principal de tu forma de ser.

Creo humildemente que estarán de acuerdo con ello cuantos te conocimos bien. No exagero al decir que fuiste mi mejor amigo, la amistad más antigua y duradera, aquella que nació compartiendo la lucha por aprobar asignaturas difíciles que se resistían, formando aquel estupendo grupo de trabajo de Derecho Financiero en la sala contigua a la vieja Biblioteca. Casos prácticos, leyes y reglamentos, apuntes de clase, Temario Oficial, materiales todos que poníamos en común para resolver los casos entre todos y aprender juntos. Teníamos entre veintidós y veintitrés años llenos de ilusiones y del ímpetu de la juventud; mereció la pena.

Todos aprobamos el “Fiscal” de Quinto y nuestras vidas salieron adelante enormemente enriquecidas; y, casi sin darnos cuenta, no sólo estábamos terminando la carrera sino que habíamos forjado el comienzo de una maravillosa amistad que con conservamos.

Muchas imágenes vienen a mi mente: recuerdo vivamente la reunión que celebramos en tu casa de Coca de la Piñera, para celebrar los buenos resultados de los examenes de febrero, y en un día soleado comimos unas migas que tu abuela preparó; fue inolvidable. También allí, en aquella ocasión, me diste la noticia de tu noviazgo con Manoli, con gran alegría te felicité y nos fundimos en un abrazo. La vida volvía a sonreír y tú lo merecías especialmente.

Más adelante yo me fui a la mili, era marzo de 1990 y cuando venía de permiso los fines de semana siempre quedábamos nuestro grupo de amigos para vernos, pasear por esta Sevilla nuestra y tomar una cerveza en la Calle García de Vinuesa, en la vieja bodega que llamábamos la Boldan; allí contaba mis peripecias y todos nos reíamos con las anécdotas cuarteleras de la semana y la ilusión del siguiente viernes con promesa de nuevas entregas.

A comienzos de 1991 te colegiaste como Abogado y allí estuvimos compartiendo la ilusión de esa nueva etapa; más adelante, en el mes de mayo lo haría yo. En abril de 1992, llegó la esperada Exposición Universal de Sevilla, y aún no me había decantado profesionalmente, muchas inquietudes latían en mi interior, que si oposiciones, que si clases particulares, que si ejercicio de la Abogacía… Y gracias a ti querido Jorge y a Manoli, que unos años después sería esa maravillosa esposa, paseando por aquellas calles alegres y cosmopolitas como nunca, me decanté por ejercer la Abogacía. Sé que si en una buena parte de mi vida, he tenido la oportunidad de ejercer esa noble profesión, te lo debo a ti por haberme animado y convencido plenamente en aquel tiempo complejo, lleno de ímpetu y ansiedad por buscar nuestro primer empleo.

De tus aficiones, recuerdo el deporte y en especial el fútbol sala, que ocupaba parte de nuestro tiempo; así, durante varios años quedábamos los sábados por la mañana para jugar al fútbol en Coca de la Piñera y después, casi siempre terminábamos en la Peña Bética tomando una cerveza, pero sobre todo, quisiera destacar de manera especial la de pintar figuras de plomo, principalmente soldaditos, una tarea compleja y artística como pocas, donde plasmabas tu conocimientos históricos, gran paciencia y cuidado, y donde has sido galardonado recientemente; y, finalmente, en otro orden de ideas, no puedo olvidar lo mucho que te gustaba recoger setas en otoño disfrutando al mismo tiempo de la naturaleza en nuestra extraordinaria Sierra Norte donde el bosque mediterráneo se enseñorea y a la sombra de encinas y alcornoques crecen las más variadas especies que tan bien conocías.

Pero por encima de todo, el amor a la familia y a los amigos siempre te caracterizó, tan es así que al menos una vez al año nos reunías en la casa de tus abuelos en El Pedroso, perfectamente conservada para el disfrute por tu familia, donde generosamente nos convocabas para compartir una comida y un fin de semana inolvidables. Y es así como constato que los verdaderos amores son los recuerdos de la infancia, lo más sentido, los paisajes y rostros conocidos, los vínculos más puros con el mundo que nos sitúan en una dimensión de armonía y solidaridad natural.

En el momento más duro de mi vida, la enfermedad y pérdida de mis padres, os tuve a mi lado, era 1999, sentí en todo momento el calor de vuestra amistad, me confortaron vuestras visitas, y todo ello nos unió aún más. En definitiva, querido amigo, durante estos años siempre he contado contigo para todo lo que he necesitado, siempre has atendido a cualquier persona que te he remitido, seguro de que habrías de darle el consejo y asesoramiento jurídico correcto, y nunca me has defraudado.

En los últimos tiempos, volcaste tus ilusiones en un nuevo despacho, también situado en Nueva Sevilla, a cuyo frente está tu esposa, que necesitará ahora y en lo sucesivo todo el apoyo de los amigos y compañeros. Ella bien sabe que lo tiene y lo tendrá.

Como buen abogado y Administrador de Fincas, has sido consecuente hasta el último momento, sin necesitar agenda ni olvidar ninguna cita o reunión; de tu profesionalidad y dedicación da buena cuenta tu fama, el cariño y el respeto de todos cuantos han recibido tu atención y consejo jurídico, especialmente desde Castilleja de la Cuesta hasta Sevilla.

Y no quisiera terminar sin referirme a algo muy querido para ti . La Semana Santa ocupa un lugar de honor en tu espíritu y en tus vivencias. No puedo olvidar más de una ocasión en que vimos salir a los Estudiantes o entrar, en la Noche del Sábado Santo a la Soledad de San Lorenzo; era impensable no quedar contigo esos días especialmente queridos para ti. Fe sencilla y callada, bondad clara y amistad segura, así eras y siempre serás en todos los que te quisimos y te recordamos.

Ahora que ya despunta el azahar en los naranjos de Sevilla, en este tiempo bendito de Cuaresma que el espíritu fortalece frente a las tristezas y soledades del mundo, y nos renueva en la Fe y en el Amor, quiero elevar como las elevé en tu enfermedad mis oraciones por ti, amigo querido, compañero, abogado, sevillano de corazón y de sentimiento, porque vivirás por siempre en nuestro afecto y en nuestro recuerdo.

Rafael M. Anaya de Castro

Abogado

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