Protocolo y ceremonial en la ciudad de Sevilla, un tratado de las buenas maneras. Mauricio Domínguez Domínguez-Adame

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Mauricio Domínguez Domínguez-Adame, Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla desde 1963, tras cuarenta años de servicios como Jefe de Protocolo de la Diputación Provincial de Sevilla y del Gobierno Civil, de la Junta de Andalucía en sus inicios y finalmente del Ayuntamiento de Sevilla, ha regalado a la Ciudad un esclarecedor pasaje de los últimos cuarenta años de su historia, de su intrahistoria. Y no solo a la Ciudad, sino al difícil pero apasionante mundo del trato de la Administración con personas e Instituciones. Su libro “PROTOCOLO Y CEREMONIAL EN LA CIUDAD DE SEVILLA”, editado por el Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Sevilla, en sus bien compuestas 657 páginas de apretado texto y cuantiosas ilustraciones, es un extraordinario testimonio no ya solo de la ejemplar labor funcionarial de su autor sino, sobre todo, de la Historia de Sevilla en unos años en que se pudo decir que ocurrieron en la Ciudad cosas trascendentales, que mucho le deben al protocolo, sobre todo cuando Sevilla fue la capital del mundo unos meses, durante la celebración de la Expo 92. Su lectura suscita la inevitable envidia al constatar que el autor ha tenido la suerte de vivir y compartir vivencias con personalidades que son parte de la Historia del mundo. En sus páginas se imparten, con sencilla humildad pero con sobrada maestría, lecciones a considerar cuando se trata de representar como es debido la dignidad de las instituciones, desgraciadamente cada vez más olvidada y menospreciada, por aquello de la sencillez y las prisas o aquello tan cateto como mentiroso de que “nadie es más que nadie”. A ver si leyendo el libro aprendemos todos que el protocolo no es “lo cursi” ni “lo pijo”, como diríamos en lenguaje de la calle, y tomamos nota de nuestras contradicciones cuando, en cambio, nos embobamos con las películas de “mayordomos” o con el ceremonial (que al fin y al cabo en eso consiste el protocolo) en otras latitudes, cuando nos extasiamos ante la pompa y circunstancia seculares, como las que mantienen los ingleses, por ejemplo, que en esas materias nos siguen llevando tanta ventaja y bien que les luce.

Tras una sobria presentación del Alcalde, cálida y comprometida de la Teniente de Alcalde Delegada de Cultura, Educación, Deportes y Juventud (la titula “Vocación y Generosidad”), siguen la del veterano exjefe de Protocolo del Estado, Sr. Martínez Correcher, amable y diplomática como corresponde, incluyendo esa enigmática frase cuando se refiere a “la capital de lo que llamamos España” y la del querido compañero Enrique Barrero – cabal y estudioso jurista y ateneísta que dio un vuelco a una caduca institución y la puso al día – que la titula “lealtad y eficacia” y con palabras certeras y llenas de admiración al autor pondera la importancia de su trabajo, definiendo las tareas del Jefe de Protocolo con una frase magistral: “lealtad institucional y eficacia indiferente”, definición acertadísima para aplicar al funcionario que, como es el caso de Mauricio, cumple su misión al margen de la política o de sus gustos personales.

El libro se estructura en cuatro grandes apartados:

I.- Teoría y práctica protocolaria en el ámbito local, donde se define el concepto de protocolo, se justifica su necesidad, se diferencia de otros conceptos como propaganda y publicidad o relaciones públicas, se enuncian una serie de principios generales del protocolo que son un auténtico decálogo del buen hacer, para entrar con todo detalle en los distintos aspectos que ofrece el protocolo definiendo el ceremonial como factor de estabilidad social y escuela de civismo, estudio de la precedencia en las Corporaciones locales y de la casuística que puede dar lugar a la cesión de la presidencia, los comportamientos protocolarios (en una entrevista publicada en el diario ABC de 3 de noviembre de 2013 asegura Mauricio que “en el protocolo muchas veces se recibe muy bien y se despide regular para simplificar: el gran enemigo del protocolo es querer hacer sencillas cosas que no deben serlo”) y lo que en esta materia debe evitarse en lo posible en el ámbito protocolario (se refiere Mauricio a no comentar habladurías y enumera una serie de temas a evitar por considerarse en estas circunstancias protocolarias prohibidos, aburridos, desagradables o impertinentes), resalta la importancia del conocimiento de la historia en el protocolo local, analiza la simbología en el protocolo institucional y su importancia con una acertada crítica a la tendencia que se observa en orden a sustituir los símbolos tradicionales (escudos heráldicos corporativos entre otros) por anodinos logotipos, la ordenación del banquete protocolario y sus complicaciones y finalmente sus reflexiones sobre el protocolo municipal a comienzos del siglo XXI que se resumen en la consideración de que para que el protocolo siga teniendo vigencia “ha de ser útil y lo será si el buen mensaje social que pretende transmitir contribuye a consolidar la imagen de prestigio y dignidad corporativa”.

II.- El ceremonial del Ayuntamiento de Sevilla.- En este capítulo se analizan los blasones e insignias municipales y los títulos de la Ciudad (curiosa es la pregunta que llegó a hacerse uno de los periodistas que informaba sobre el contenido del libro: ¿Cómo es posible que una ciudad como ésta, que fue invadida por todo el que tuvo el gusto de pasarse por aquí – romanos, visigodos, árabes, leoneses, franceses, insurrectos de diverso pelaje – ostente el título tan ridículamente impropio de su condición como el de “invicta”?, de lo que en el libro hay cumplida y satisfactoria respuesta). En el apartado de honores municipales pasa revista el autor a los que corresponden a la Corporación formada, a los tratamientos, los títulos de Hijos Adoptivos y Predilectos y Medallas de la Ciudad (Mauricio, en la entrevista periodística que citábamos, manifiesta su opinión de que “se dosifiquen las medallas de Sevilla – no hay obligación de dar tantas medallas cada año y deberían darse a propuesta del pueblo como se hace con las calles – y que no se dediquen calles ni se den título de Hijos Adoptivos o Predilectos por compromiso”), los Hermanamientos de ciudades, el libro de honor y un estudio de las tradiciones y de la etiqueta municipal a través de los tiempos.

Enumera las ceremonias civiles deteniéndose muy especialmente en el año 1992 que denomina “el año que vivimos apasionadamente” que resume en estas palabras: “Hablar de la Exposición Universal y del protocolo municipal en esos meses históricos inolvidables, constituye para mí, ya a muchos años de la celebración, un encuentro de sentimientos nada frecuente. De un lado nostalgia, por irrepetible, pues mi ciudad en esos seis meses fue el centro del mundo; satisfacción, por el esfuerzo, no de un año, sino de seis años, que mereció la pena; gratitud hacia todos los que trabajaron, funcionando como un verdadero equipo ayudándonos en la complicada tarea… Más de cien fueron las visitas de Jefes de Estado, reyes, príncipes, presidentes de Gobiernos y de organismos internacionales, ministros, alcaldes de grandes ciudades, personalidades famosas en el mundo de la política, de la cultura, del deporte… fue grande el lucimiento que tuvieron las recepciones”.

Y tras describir las ceremonias religiosas a partir de la Instrucción de Ceremonial de 1797 reflexiona sobre la riqueza del protocolo municipal como fuente del derecho premial, sobre las sedes municipales desde el vetusto Corral de los Olmos para rematar este apartado con unas referencias a las pinturas existentes en el Ayuntamiento y sus vicisitudes y un divertido anecdotario, del que destaco por vía de ejemplo que “en el banquete de gala celebrado en la Casa Consistorial en honor de Mohamed V, rey de Marruecos, el 8 de abril de 1956, a pesar de la dignidad con que aparece el vencido (se trata de la “gigantesca pintura” de la guerra de África titulada ‘La paz de Wad Ras”, de Joaquín Domínguez Bécquer, que se cuelga en la escalera principal de la Casa Consistorial) optó el Ayuntamiento por cubrir el cuadro con un gran cortinaje, para que al pasar el rey no lo viera, evitando así un posible disgusto”.

III.- Protocolos vividos. Momentos del ceremonial recordados.- Es un capítulo importantísimo porque recoge una riquísima descripción de todos los actos protocolarios en los que el autor participó, desde 1965 en que empezó a prestar servicio de protocolo en la Diputación Provincial que presidía don Carlos Serra y Pablo Romero hasta su jubilación como Jefe de Protocolo del Excmo. Ayuntamiento de Sevilla en 2005, siendo alcalde don Alfredo Sánchez Monteseirín. Resulta muy difícil detallar en todo su interés el contenido de todos y cada uno de los actos protocolarios descritos, tanto festivos como luctuosos, desde la visita del General Franco en 1967 hasta la jornada de puertas abiertas del Ayuntamiento en 2005, último acto en que intervino Mauricio tras el que siguió el homenaje que le tributaron sus compañeros a su jubilación. La reseña de los actos a los que asistió el autor, con las sabrosas anécdotas incorporadas, es fascinante. En la solemne presentación oficial del libro, en un Salón Colón presidido por el alcalde de Sevilla y lleno “hasta la bandera”, el autor se refirió a este apartado de su libro destacando los actos que le causaron más impresión o sorpresa o de los que guardaba un recuerdo más vivo, y entre ellos: El improvisado discurso de Franco cuando recibió la Medalla de Oro de la Provincia, las monedas de oro que regaló el emperador de Etiopía a los artistas que intervinieron en la cena ofrecida en el Alcázar, la tragedia del choque ferroviario en El Cuervo con más de setenta muertos y cien heridos, la coronación de la Virgen de Valme en Dos Hermanas cuyo Padrino fue el almirante Carrero Blanco recién nombrado Presidente del Gobierno y asesinado poco después por ETA, el anciano Presidente de Italia Sandro Pertini abrazado a la Cruz de la plaza de Santa Cruz recordando a su difunta esposa con quien estuvo en Sevilla en viaje de novios, la entrega de las llaves de la Ciudad a los Reyes de Jordania Hussein y Noor en el salón de embajadores ó a la reina Isabel II de Inglaterra en el patio de la Montería de los Reales Alcázares, las recepciones a más de cincuenta Reyes, Príncipes y Jefes de Estado durante la Expo 92, las emotivas imposiciones de la Medalla de Oro de la Ciudad a doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona, en la Plaza Nueva y al Papa Juan Pablo II al pie de la Giralda, la capilla ardiente y el funeral y entierro de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortiz asesinados por la ETA, el traslado desde París y entierro en el Cementerio de San Fernando de los restos de don Diego Martínez Barrios, Presidente de la República, los homenajes a los poetas Gustavo Adolfo Bécquer, Luís Cernuda y Pedro Salinas y, en fin, las diversas visitas de los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía, actos todos donde el protocolo ordenado dignificó a la Ciudad y a los homenajeados.    

Especialmente conmovedoras son sus referencias a los compañeros José Luís Vila y José Contreras y, sobre todo, a su esposa Mari, cuya pérdida afrontó el autor con una admirable entereza.

El último apartado del libro son veintisiete Apéndices que contienen datos históricos importantes de la Ciudad que constituyen una fuente de información valiosísima para el desarrollo del protocolo así como para explicar el significado del ceremonial que los motiva. Y termina con el gozo de haber podido ceder la histórica Biblioteca familiar, con más de doce mil volúmenes, que pronto quedará disponible para su disfrute por el público en un espacio acotado de la Biblioteca Infanta Elena

El libro, en fin, es un tratado de historia y, sobre todo, un prodigio de mesura y de buena escritura. El autor termina preguntándose quién iba a decirle “que pasaría del derecho penal al que me dedicaba como abogado para entregarme al derecho premial, el que regula y premia las conductas egregias y comportamientos ejemplares”.

El mejor retrato de la personalidad del autor lo daba José Rodríguez de la Borbolla comentando en la prensa la presentación de este libro: “Mauricio Domínguez es un ejemplo de servidor público, con el más completo sentido de la profesionalidad y de dedicación a la ciudad y en todo momento ha sabido servir a las Instituciones y al carácter civil de las mismas” porque, como cerraba su intervención en el acto el propio Mauricio, “lo que siempre quise alcanzar no ha sido el premio, el honor, el reconocimiento sino tener la inmensa satisfacción de haber trabajado con amor verdadero al servicio de mi ciudad”.  Y ese es el enorme valor de este libro cuya lectura es muy recomendable y, sobre todo, aleccionadora en los tiempos que corren.

Ldo. PEDRO SÁNCHEZ NÚÑEZ. C. de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría

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