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Obituario nº 166

Alberto Ribelot Cortes, In Memoriam

Llevaba toda la mañana preguntándome porque no habrás contestado a mi ultimo mensaje, porque no habíamos hablado esta última semana, y de pronto un dolor me rasga cuando me entero que te has marchado al cielo a tomarte las uvas al son de unos buenos fandangos de alosno que sólo tu y yo sabemos quien canta.

Mi adorado MAESTRO, aun llamándote así a voces y escribiéndolo en mayúsculas es una palabra diminuta para describirte.

Mi admirado maestro, de mente privilegiada e inmenso tesón, de sabiduría infinita y generoso corazón. Me enseñaste tanto… tu Sevilla esplendorosa desconocida para una “chaipionera” como tu me llamabas, de nuestro lenguaje, de la cultura, de “nuestro”derecho matrimonial, y del saber estar en esta vida por que de eso a ti te sobraba por doquier.

Que no daría yo por volver a estar en una de tus magistrales clases de la que conocías las caras y la vida de todos y cada uno de tus alumnos, por repetir la emociones y el orgullo que sentí cuando finalizaste la exposición de tu extraordinaria tesis doctoral, por volver a escuchar tus chistes, tus gracia, tus comentarios nunca censurados, por verte explicar el parentesco no existente entre los cónyuges……….

Siempre estuviste conmigo en lo bueno y en lo malo, me apoyaste en mis sueños y confiaste en mi, me diste mas que buenos consejos, fuiste maestro y amigo.

Estas líneas son pecata minuta para todo lo que tu mereces, el mayor de los homenajes que ya te empiezan a rendir tus alumnos pues como a ti te gustaba fuiste nuestro maestro a la antigua usanza, como lo fueron los tuyos. Este mi homenaje va dirigido a que nadie te olvide jamás, aunque para los que hemos tenido la suerte y el placer de conocerte será imposible hacerlo.

Para mi no te has ido y nunca lo harás, MAESTRO.

Arantxa Pastor Delgado

El último testamento de Don Ángel

Se nos ha ido don Ángel Olavarría, al que tanto queríamos quienes hemos tenido la suerte de compartir con él parte de nuestras vidas. Sevilla pierde a uno de sus más eminentes juristas, que ha sido un magnífico abogado y antes fue un prestigioso notario. Despedimos ahora a un hombre que quiso ser sevillano de adopción hace ya más de cincuenta años y, sin pretenderlo, ha sido todo un maestro en valores de vida y convivencia.

Persona vivencialmente humilde y ajena al pecado de la vanidad, tan incansable e infatigable jurista siempre trabajó con el claro objetivo de ser útil a los demás, entendiendo el derecho como un eficaz instrumento de servicio. Por eso tenía un acentuado sentido de la responsabilidad en el trabajo y en la vida: porque sabía a ciencia cierta que nada se justifica en nosotros y todo adquiere su único sentido en la entrega a quienes nos rodean.

Nos deja don Ángel una extensa, silenciosa y elocuente lección de bondad cristiana, dictada desde sus más profundas convicciones y con una coherencia de vida que la hace especialmente valiosa. Vivió la fe a cada momento, desde el amor y el escrupuloso respeto a quienes no compartían sus creencias. Su testimonio huía de las palabras para manifestarse en un exquisito comportamiento, el afecto hacia todos y su deseo irrefrenable de servir siempre a los demás. Sólo desde la coherencia vital entendía la fe, que proclamaba con el ejemplo de sus actos. Sin pretenderlo ha dejado dictada una importante lección de vida, que ahora muchos intentaremos asimilar.

Más allá del dolor que quienes lo conocíamos compartimos con su extensa y entrañable familia, nos queda a todos el último de los testamentos autorizados por el bueno de don Ángel. Su testamento nos habla de paz y amor entre todos, de la necesaria entrega a los demás desde el trabajo cotidiano, del imprescindible compromiso con los más necesitados y de esa vida eterna que Jesucristo nos tiene prometida. Nos deja toda una lección de vida, magistralmente impartida durante noventa y dos años, en clave de buen cristiano. Nos queda su doloroso hueco entre nosotros pero también su gozosa presencia, sabiendo como muchos sabemos que él ya vive eternamente en la verdadera paz de Dios.

José Joaquín Gallado Rodríguez

Decano del Colegio de Abogados de Sevilla

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