Aula de Cultura 182

V Ciclo de Cine Jurídico en el Colegio

Se ha desarrollado en la sede colegial el V Ciclo de Cine Jurídico organizado por el Aula de Cultura de nuestra Corporación Profesional, que preside la diputada de la Junta de Gobierno Patricia Martínez Conradi. La coordinación del Ciclo corrió a cargo de José Manuel Valdayo. La primera película proyectada fue El sargento negro, interviniendo en el posterior coloquio el Fiscal Jefe del Tribunal Territorial Militar 2ª Jose Antonio Jaldo Ruiz-Cabello y el profesor titular de la Universidad de Cádiz Luis Miguel Arroyo Yanes. La segunda película fue El proceso de Mariana Pineda de Rafael Moreno Alba e intervinieron el Magistrado de la Audiencia de Sevilla Víctor Nieto Matas y el abogado Pablo Abascal Monedero.

Premio de Narrativa Jurídica La Toga 2010

En la sede colegial se celebró el acto de entrega del Premio de Narrativa Jurídica Revista La Toga 2010 al letrado de este Colegio José Antonio Aguilar Palacios, quien lo ha obtenido en esta IV edición con el relato titulado Estado de Juicio que se publicó en el anterior de La Toga. El Premio fue entregado por el decano en un acto en el que también intervino el delegado de la editorial jurídica La Ley Grupo Wolters Kluwer, José Carlos Domínguez, que lo patrocina. En nombre del Jurado que ha fallado el Premio, el letrado y académico Enrique Barrero González glosó el relato ganador y las cualidades literarias acreditadas por el abogado premiado, con el texto que en su integridad reproducimos en la página siguiente.

Las razones de un Premio

(Palabras pronunciadas por Enrique Barrero González en el acto de la entrega del Premio de Narrativa Jurídica Revista La Toga 2010)

Es el cuarto año consecutivo en el que el Decano de nuestro Colegio tiene la atención de encargarme unas breves palabras para presentar el trabajo ganador del Premio de Narrativa Jurídica de la Revista La Toga, en este caso el que corresponde al año 2010 que ha ganado nuestro compañero José Antonio Aguilar Palacios con el relato corto titulado Estado de Juicio.

Hace todavía pocas horas, asistíamos el Decano y yo, entre otras muchas personas, a la toma de posesión por Antonio Moreno Andrade, Presidente de la Sala de lo Contencioso de nuestra ciudad, de una plaza en la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia de Sevilla; y el discurso del nuevo académico comenzaba de esta manera: “Si el Juez no está despierto, la voz del Derecho queda desvaída y lejana, como en las inaccesibles voces de los sueños”. Estas bellas palabras no se han cumplido en el caso del relato que nos ocupa, como explicaré más adelante; pero vayamos por partes.

El Jurado ha premiado el trabajo de José Antonio Aguilar por las dos razones fundamentales por las que siempre ha actuado en estos casos. Por la belleza y el acierto de la forma y por la profundidad y el interés del fondo. La novela, o la novela en embrión que vienen a ser la narración o el relato corto, es un género abierto y en constante mutación. Autores famosos han reclamado siempre la libertad de hacerlos de una manera o de otra. Recordemos, por ejemplo, lo que decía Unamuno a propósito de esa misma libertad cuando reclamaba el derecho de llamar “nivola” a la que había escrito, si es que acaso se le objetaba que no era propiamente una novela; y así se quedaba tan tranquilo.

Con todo y pese a esta libertad, existen definiciones, aunque siempre resulten peligrosas, como nos decían los juristas clásicos que era toda definición. Ficción en prosa es las más breve y sutil de las definiciones que se han dado de relatos cortos o novelas; y ambos, según nos explica el académico José María Vaz de Soto, en este caso de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, han de contener una historia o argumento, una forma adecuada y una visión del mundo, que debe ser buena y verdadera, aún contando con el relativismo que pueden tener estos conceptos. Pues bien, el relato de José Antonio Aguilar se ajusta de manera excelente a estos cánones.

En su trabajo subyace un argumento conmovedor, como es el de la peripecia vital de un desgraciado que presuntamente, con drogas, analfabetismo y traumas personales de por medio, ha cometido crímenes “espeluznantes”, aunque no, desgraciadamente, insólitos o infrecuentes. Completa el argumento como la otra cara de la moneda, la presencia del Magistrado que lo tiene que juzgar, que ha de valorar las pruebas de su inculpación y que debe dictar Sentencia justa, al margen de todo tipo de presiones y de juicios paralelos. El asunto de la narración es ciento por ciento jurídico como pedían las bases del premio y en ella se adivinan los conocimientos y el oficio del buen abogado, que relata desde dentro y que sabe lo que testifica, de visu et audito suis sensibus, es decir por lo que ha visto y oído con sus propios sentidos.

El relato tiene, cómo no y por eso también ha sido premiado, una forma adecuada, un lenguaje ajustado, un estilo y una estructura, es decir claridad y brillantez, fruto de un arte que en José Antonio es, sin duda, innato, pero que se ha perfeccionado, claro es, con el estudio, la lectura y el trabajo: la mejor demostración de la excelencia de la forma es que la lectura del relato no cansa, y que su lectura engancha y encadena y no solo a los juristas avezados y conocedores del lenguaje técnico. Constituye, por otra parte, toda una clase de Derecho, brillantemente expuesta y comprensible también por quienes no cultivan nuestra disciplina.

El relato tiene, finalmente, una visión del mundo, que es subyugante, y que es también buena y verdadera desde cualquier posible punto de vista. La narración nos muestra las inquietudes, las dudas, los afanes, los miedos de un juez que tiene que dictar sentencia justa; los problemas que surgen a quien tiene que valorar las pruebas y los que se producen, de mil maneras, ante un caso concreto en el que están en juego dos valores que a veces se presentan como antagónicos: la necesidad que siente la conciencia social de que no queden impunes los crímenes horrendos y el derecho que tiene el enjuiciado a un juicio justo y a una sentencia que sea fruto del rigor jurídico, de la ecuanimidad y del desapasionamiento. La visión del mundo que tiene el juez y que el autor nos relata, es la de quien sabe muy bien lo que nos decían dos sentencias que aún conservo en mis antiguos ficheros manuales, de cuando los abogados no teníamos en las manos el ambivalente refugio de las “computadoras”: Fijaos bien, Decía la una que “sabemos que no existe libertad sino en la igualdad, ni igualdad sino en la libertad; y que ambas conforman un dogma superior tanto al de la libertad como al de la igualdad: el dogma de la justicia”. Y decía la otra, que “el Derecho sin referencia a los valores éticos se convierte en un armazón conceptual difícilmente explicable”.

Tengo para mí que este relato lo habrán leído con atención los jueces a quienes llega la Toga; y que debería ser leído y repartido en la escuela judicial y en las escuelas de prácticas forenses. El relato me impresionó profundamente cuando lo leí, porque tengo la fortuna de tener dos hijas que ejercen la magistratura en sendos juzgados de Sevilla y por ello soy testigo cualificado del alto precio psicológico que los jueces tienen que pagar en cada caso concreto al servicio de su independencia y de su insobornable afán de justicia.

Cité al principio la frase que nos decía que “si el juez no está despierto la voz del derecho queda desvaída y lejana”, y afirmaba que esto no se cumplía en nuestro caso; porque ocurre sencillamente que la magia literaria del relato saca finalmente de la chistera de la imaginación del autor un final “tranquilo”. El juez que explica y define la justicia a través de sus dudas e inquietudes estaba soñando; sería un jurado popular el encargado de decidir la suerte del acusado. “Aliviado al comprobar que toda su zozobra había sido fruto del onírico inconsciente abandonó la cama y se dirigió a su despacho”.

De tal forma que la voz de la justicia había surgido en este caso desde el propio sueño, pero no desvaída y lejana, sino clara, precisa y rotunda. Esto puede ser también, sin embargo, una bella metáfora, porque si se ha dicho que el sueño de la razón engendra monstruos, el sueño de la justicia engendra siempre, sin duda, la esperanza de un mundo mejor.

Enhorabuena al autor por su trabajo, enhorabuena al Colegio de Abogados y a la revista La Toga; gracias al patrocinio de “La Ley” y a todos vosotros.

Redacción

Author: Redacción

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