La delicuencia juvenil

1. Cimientos de la delincuencia juvenil

Cuando después de un largo y duro camino en la lucha por conseguir nuestro objetivo, y por el que además, hemos tenido que renunciar a determinados placeres y dejado a un lado, a familiares y amigos, llega el momento de desempeñar nuestras funciones como Policías, y es quizás en ese mismo instante, cuando por primera vez somos conscientes realmente, de todas las labores que tendremos que desempeñar en este campo, y comprenderemos que muchas de las actuaciones que llevaremos a cabo se desenvolverán en diferentes áreas, pero siempre irán encaminadas a salvaguardar a nuestra sociedad, para así poder ofrecerles, un bienestar social.

La mayor tarea que realizamos como policías y que no la recoge la ley escrita, es aquella que ofrece la posibilidad de ayudar a los más desfavorecidos, a esos sujetos que por una u otra razón, se encuentran ubicados en el último escalón de esta sociedad de bienestar en la que vivimos.

Hablamos de esos colectivos vulnerables, que bien, por factores de riesgos físicos, económicos o sociales, no llegarán a tener las mismas oportunidades de desarrollo que otras agrupaciones y que por lo tanto, posiblemente se quedarán al margen de todo recurso posible, teniéndose que buscar otras herramientas para poder subsistir.

Entre tanta competitividad global, egoísmo e insolidaridad de la comunidad en la que vivimos, desde la Policía, tenemos la opción de oponernos a las injusticias sociales actuales y de alguna manera y dentro de nuestras competencias laborales, estamos capacitados para ofrecer respuestas novedosas y comprometidas a aquellos sujetos que sufren de alguna manera un claro desamparo.

Por tanto, la mayoría de nuestra corporación policial, se aventura a afirmar, que hoy en día, el colectivo más vulnerable latente en nuestra sociedad, es el colectivo de los menores y sobre todo, hacen referencia a aquellos menores infractores o pequeños delincuentes, los cuales llegarán a subsistir de algún modo, por esta delincuencia.

Cuando hacemos alusión, a los menores delincuentes, nos referimos a todo aquel menor que para sobrevivir, tanto él como su entorno familiar más cercano, llevaran a cabo actuaciones delictivas. El modus operandi llevado a cabo en la mayoría de sus comportamientos, será siempre en colaboración con otros menores de igual identidad, ya que en pocas ocasiones, éstos actuaran en solitario.

Gracias a la posición de autoridad que ocupamos en esta sociedad, y siendo conocedores de primera mano, de esta problemática delincuencial actual, nuestro objetivo prioritario es intentar prevenir que estos jóvenes más desfavorecidos, escojan el camino de la delincuencia como única forma de vida. Todo este fenómeno de la delincuencia llega a producir un gran desequilibrio en la cohabitación, y más aún, cuando la criminalidad resultante, proviene de esos colectivos de menores.

Se ha podido datar, que en estos últimos años, se está produciendo un incremento progresivo de la delincuencia juvenil. Y es tan evidente, que tanto en grandes poblaciones como en pequeños municipios, los resultados de la mayoría de estadísticas y sondeos realizados, estarían apareciendo, directamente proporcionales.

En documentos y reseñas actuales, se viene observando, que en la información vertida por expertos sobre la problemática de menores delincuentes, se hallan connotaciones fiables, las cuales aportan, que en la mayoría de esos países, donde existe un gran progreso industrial de expansión, la delincuencia juvenil se acerca, desde un punto de vista cuantitativo en los últimos años, al 18 % de la delincuencia general total. Si bien, las estadísticas realizadas en cualquier municipio, cuya población asciende a solo 3000 habitantes, ofrecen cifras parecidas, es decir, casi 13% de la población.

Se llega por tanto a la conclusión, que las causas aparentes de la delincuencia llevada a cabo por menores, las encontramos principalmente en familias azotadas por la pobreza, sin recursos aparentes y bajo el manto de precarios salarios que les impiden subsistir.

Otra causa muy significativa, la vemos en la falta de empleo u ocupación de algunos padres y madres de esos menores, pero sin duda alguna, uno de los motivos más importantes asociados a la delincuencia, sería, que muchos de esos menores delincuentes, carecen de un cuadro familiar normal, donde el niño pueda encontrarse, protegido, cuidado y amparado por sus referentes paternales.

En un segundo plano, pero también de máxima importancia a tener en cuenta en el menor infractor, sería el desarrollo personal de estos niños. Nos encontramos con menores, con bajos perfiles escolares, con episodios en muchos casos de gran agresividad e impulsividad a edades muy tempranas, con dificultades para relacionarse con los demás, pero sobre todo con niños que de alguna manera u otra, lo que pretenden es conseguir llamar la atención.

Dentro del sector de los menores infractores, con otro gran problema con el que nos encontramos, sería con los llamados menores infractores no acompañados o menores inmigrantes.

Éstos, se presentan, como menores, cuyas edades oscilan entre los 14 y 17 años de edad, y cuentan ya a su corta edad, con un perfil criminógeno bastante evidente, como consecuencia de las circunstancias que les rodean a la mayoría de ellos.

Son menores que escapan de sus lugares de origen en busca de un bienestar social, pero cuando se topan con la realidad del sistema, se ven asustados, defraudados y acorralados de tal manera, que la única forma posible para ellos subsistir, es delinquiendo.

Es evidente, que la precariedad con la que se encuentran, les conduce a desempeñar comportamientos prohibidos, sin embargo, la sociedad no debería estigmatizarlos, ya que no es acertado confundir ni asociar de una forma generalizada, la delincuencia, con inmigrantes, sean menores o no.

Los delitos que con mayor frecuencia, suelen cometer los menores infractores, son delitos de estructura simple, como por ejemplo, los robos con fuerza, los hurtos de uso de vehículos, robos con violencia e intimidación a las personas y también muchos de ellos, contra la propiedad y patrimonio.

Urge por lo tanto, adoptar medidas preventivas para erradicar la delincuencia juvenil. Se deben hacer más políticas sociales, que consigan poner fin a los focos de marginalidad que se van creando y asentando en zonas periféricas de todas las ciudades y donde como factor principal de supervivencia por parte de sus habitantes, es la delincuencia, ya que es entendida por éstos, como su medio natural de vida.

Igualmente prioritario debe ser el reforzamiento de la familia y la escuela como factores de socialización primarios, siendo imprescindibles rearmar moralmente a ambas instituciones. Deben igualmente utilizarse refuerzos en las escuelas como tales, con la creación de programas tendentes a enseñar a los niños a dominar sus tendencias antisociales, especialmente en niños con problemas de agresividad, factor éste que se ha relevado como uno de los factores de riesgo de desembocar en fenómenos de delincuencia juvenil.

La Policía Local es una institución, que se transforma en interlocutora efectiva, entre los componentes de la comunidad educativa, para intentar dar solución a problemas que surgen en ese entorno y además, ésta aparece como colaboradora, con el personal docente en la impartición de programas con fines sociales y educativos, donde a los niños se les intenta ofrecer soluciones multidisciplinares para que puedan afrontar esos problemas que comienzan a surgir a edades muy tempranas y que pueden acabar en problemas delincuenciales.

Finamente, en el presente, nuestras instituciones judiciales son conocedoras, que los comportamientos criminógenos ejecutados por los menores delincuentes, no desaparecerán, por lo tanto, lo único más factible y acertado, sería que se desarrollasen, políticas sociales encaminadas a focalizar en programas educativos.

Estos programas, deberían incluir en su mayoría, diferentes criterios y medidas de prevención para poder erradicar cualquier tipo de riesgos en los que puedan ver rodeados esos menores, y para recuperar sobre todo a menores que ya se hayan iniciado en su carrera delictiva.

Todo tipo de delincuencia, genera en la sociedad una sensación de inseguridad y unos miedos, creándose en la mayoría de los casos, una alarma social, y más aún cuando además dicha delincuencia es generada por colectivos de menores, ya que se piensa que algo en el sistema no funciona.

Para ello y desde los distintos gobiernos habría que apostar por hacer políticas adecuadas de seguridad ciudadana, para que se pueda trabajar en la inclusión de aquellos colectivos más desfavorecidos en nuestra actual sociedad de esos colectivos de menores no acompañados infractores, y que éstos puedan llegar a conseguir esa igualdad de oportunidades y esos derechos humanos y libertades por la que luchan muchas democracias y evitar pertenecer a una sociedad marginada y criminalizada.

2. Prevención ante la delincuencia juvenil

Una de las tareas principales del colectivo policial, sería la prevención del delito desde una visión globalizada, y una prevención sobre todo situacional del delito, la cual conduciría a que delincuentes menores transitorios en sus acciones criminales, fuesen desistiendo poco a poco a seguir delinquiendo y así aprovecharan las oportunidades que les brindase el sistema judicial, acogiéndose a los programas de rehabilitación.

Por otro lado, sería positivo también, hacer programas de prevención social , ya que tanto adolescentes menores, acompañados o inmigrantes, aparecen como víctimas de adultos criminales, que se aprovecharán de esas desigualdades sufridas por ese colectivo, haciéndoles propuestas y promesas mediante engaños, para que delincan.

Sabemos que hoy en día, la mayoría de los modelos de prevención en la criminalidad juvenil apuestan por el despliegue de medidas sociales y más aún en menores infractores, en donde dichas medidas son muy urgentes.

Una prevención primaria orientada siempre, a promover y salvaguardar principalmente la salud infantil, el acceso a un futuro al sector laboral, a la escolarización de los menores en situaciones difíciles, a desarrollar políticas de empleo para los jóvenes que no quieren estudiar como el oficio en talleres de juventud, posibilitándoles programas de prevención contra las drogas.

Existe una prevención secundaria y más focalizada, siempre orientada a proteger a grupos de riesgo en situación de marginalidad, a aquellos grupos que viven en la calle, a grupos de menores con adicciones, a menores que son explotados tanto sexualmente como laboralmente, y de los que se conocen que finalmente, caerán presos de una delincuencia funcional.

Para concluir, hacemos alusión a una prevención terciaria, la cual englobaría, estrategias para prevenir en esos menores infractores, el que reincidan nuevamente en comportamientos delincuenciales, ofreciéndoles medidas integradoras a través de planes de reinserción.

No obstante, frente a las posiciones más utópicas, que consideran que todas las medidas deben girar entorno al beneficio siempre del menor delincuente, se van abriendo paso actualmente a otras opiniones que defienden la necesidad de incorporar otras finalidades para estos menores infractores.

Desde algunos sectores, se llega a la conclusión, de reinventar un nuevo proceso penal de menores, en donde ya no solo sea preventivo sino también algo más represivo, pues lo primordial en él no es únicamente lograr, la reeducación ó resocialización del menor delincuente, sino también proteger a la sociedad de las conductas desviadas que muestran muchos de estos jóvenes.

En definitiva, la prevención social y policial es fundamental, no obstante, la ley debe contener un amplio campo de respuestas al fenómeno de la delincuencia juvenil, de forma que si bien la regla general debe ser la aplicación de medidas de fundamento en el interés del propio menor infractor, deben existir reglas especiales para casos graves que permitan aplicar criterios de defensa social y protección de la victima.

3. Intervención con los delincuentes menores.

Los funcionarios de la policía y administración judicial deben utilizar en su trabajo diario, una variedad de registros de comunicación para hacerse entender por todos los delincuentes y sin obviar que además, todos y cada uno de tales registros deberá estar presidido por las mismas exigencias legales que obligan a estos funcionarios en sus relaciones con los ciudadanos.

Poseen por otro lado, unos principios éticos y códigos de conductas, que deben formar parte de las convicciones del credo policial y judicial en las relaciones con la comunidad.

De la igualdad de todos ante la ley y de la no discriminación consagrada en la Constitución, se deriva una opción del funcionario de dispensar un determinado trato a las personas y con una obligación inexcusable de tratar a todo ser humano como merece, con la independencia de las “circunstancias” que concurran.

Me atrevería a decir que con más motivo aún cuando se trata de menores aunque sean delincuentes.

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en el desarrollo de sus actuaciones son conocedores de situaciones de crispación en las que se tendrán que ver involucrados y de las cuales, tendrán que responder profesionalmente sin perder los nervios y sin dejar nunca de actuar conforme ordena la ley.

Es evidente, que la respuesta policial en todo caso, se adecuará a lo que dispongan las normas vigentes.

Cuando sea necesaria realizar una intervención policial, ésta se llevará a cabo haciendo uso en todo momento, de la reducción necesaria del individuo, mediante la fuerza legal establecida, para así proceder a la detención y restablecer el orden y seguridad.

Con los jóvenes infractores, la intervención para proceder a su detención por parte de la policía es totalmente diferente, que con la detención de los mayores de edad.

Los menores delincuentes serán atendidos y custodiados en primer lugar por personal especializado en la materia y en segundo lugar no compartirán espacio ni lugar con delincuentes adultos.

En definitiva, se intenta evitar que estos menores sufran lo menos posible en su paso por dependencias policiales y que no queden etiquetados de criminales de por vida.

En el sistema judicial de menores se le hace recordar a la policía, el deber de facilitar la detención del menor ya que, ésta en un futuro puede influir en la conducta antisocial del niño. Por lo que, el papel de la policía no sólo es proteger a la sociedad mediante la detención de los menores infractores, sino también participando en la readaptación de los niños.

Se intenta hacer un trabajo policial positivo y exquisito, debido a que existe hoy en día una especial preocupación por el menor-criminal. Y desde las Naciones Unidas se pide la mayor colaboración posible en el cuidado y protección del menor para evitar que debido a su constante situación de desamparo en la que se encuentran, sean captados por redes criminales que les llevarán a ser esclavos de la delincuencia.

Bibliografía

Tipologías del Delito y de Delincuentes juveniles actuales. Perspectiva criminológica.

Herrero Herrero, César “Tipologías de delitos y de delincuentes en la delincuencia juvenil actual. Perspectiva criminológica” Actualidad Penal, Noviembre 2002

Informe del Defensor del Pueblo año 2010 sobre la aplicación de la Ley del Menor.

Protocolo de actuación de Policía Local junto con Asuntos Sociales del municipio Sanlúcar la Mayor.

Author: Maria Martínez Díaz

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